Con una localización mágica.
En aquel fin de semana futbolístico, cuando Sevilla latía con fuerza entre turistas, aficionados y calles desbordadas de vida, tuvimos la fortuna de detener el tiempo por un instante en el Restaurante Abades Triana. Allí, entre risas, miradas cómplices y la calidez del momento, compartimos una felicidad sencilla pero profunda junto a José y María. Desde ese día, su historia ya no volvió a ser la misma: se convirtió en la de una familia plena, abrazada por el amor de sus tres hijos y por un recuerdo que, para siempre, brillará con luz propia.